El "falso SAP": pseudociencia y violencia institucional
- 7 abril, 2026
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En el ámbito del derecho de familia y la psicología forense, existe un fantasma que se niega a desaparecer: el mal llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP). A pesar de los avances legales y científicos, este constructo sigue siendo la sombra que se proyecta sobre miles de mujeres para invalidar su voz y la de sus hijos e hijas.
Como profesional, y tras casi dos décadas analizando la violencia de género, considero urgente llamar a las cosas por su nombre.
Una sospecha que me acompaña desde 2007
Mi encuentro con este concepto no es nuevo. Cuando me formé como experta en Violencia de Género en 2007, el SAP ya era un tema recurrente. Recuerdo que en uno de los Máster, incluso nos regalaron un libro sobre el SAP. A día de hoy, ese libro sigue pendiente que alguien lo compre en Wallapop, pero ni ahí lo quieren, y con razón.
Desde aquel entonces, algo en esa teoría me «rechinaba» profundamente. No era solo una intuición; era observar cómo un concepto sin base científica se convertía en un instrumento jurídico para silenciar realidades incómodas.
Años más tarde, durante mi formación en Psicología Forense, me sorprendió ver que el discurso seguía vivo. Se escuchaban excusas para salvar lo insalvable: «Se malinterpretó a Gardner» o «Hay que saber separar la obra del autor». Como psicóloga, este argumento me parece temerario. No se puede separar la obra de un autor cuando la «obra» en sí es un mecanismo diseñado para desacreditar a las víctimas y patologizar el vínculo materno.
¿Qué es realmente el SAP? Y qué dice la ciencia, claro.
El SAP es un constructo inventado sin base médica ni psicológica. No aparece en el DSM-5 ni en la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho, la OMS ha sido tajante: el SAP no existe en su clasificación internacional y su uso ha sido rechazado por las principales asociaciones científicas del mundo.
Entonces, ¿por qué seguimos hablando de él? Porque el SAP no es una herramienta clínica, es un instrumento jurídico. Se utiliza como un mecanismo de control disciplinario contra las madres que rompen el silencio. Al desplazar el foco del presunto maltratador hacia la «actitud» de la mujer, el sistema judicial deja de investigar hechos probables para pasar a juzgar personalidades y estilos de crianza. En la práctica, esto supone que el derecho de visita de un progenitor se considera un bien superior a la integridad física y psíquica de la infancia, convirtiendo los juzgados en lugares donde se impone la convivencia forzada a toda costa, incluso cuando existe un riesgo real.
El origen de la infamia: Gardner y su «legado»
Para entender el peligro de este constructo, hay que mirar a su creador, Richard Gardner. No estamos ante un autor cuya vida personal fuera cuestionable pero su teoría brillante; aquí, la ideología del autor impregna cada poro de su trabajo. Gardner no solo inventó un síndrome sin un solo estudio clínico que lo respaldara, sino que en su obra defendía posturas que hoy nos resultan escalofriantes, llegando a normalizar y justificar ciertas formas de abuso sexual infantil bajo el pretexto de que no siempre eran traumáticas.
Cuando escuchamos a profesionales decir que «se malinterpretó a Gardner» o que debemos «rescatar su teoría», están ignorando deliberadamente que el SAP nació con un objetivo específico: desviar la atención de los abusos reales y convertirlos en fantasías inducidas por las madres. La «obra» de Gardner es, en esencia, un manual de impunidad para el agresor. Por eso, intentar separar al autor de su teoría es una temeridad; el SAP es el reflejo exacto de los prejuicios de quien lo creó.
Y a mí, cuando leo informes periciales o escucho a compañeros o compañeras de psicología que dan valor a Gardner y al SAP, se me vienen todos los demonios.
La pseudociencia que cuestiona a las madres y la justicia que llega tarde
El falso SAP actualmente es una herramienta de impunidad en Juicios de Violencia de Género
Volvamos al punto que os quería explicar mejor que me mueven a escribir esta entrada en el blog.
Es en los juzgados de Violencia sobre la Mujer donde este falso síndrome despliega su mayor crueldad. Se utiliza como un escudo para el maltratador:
Inversión de la carga: Si un niño o una niña rechaza al padre por haber presenciado o sufrido violencia, la defensa alega SAP. El foco deja de ser la conducta del agresor y pasa a ser la salud mental de la madre. Claro, ¿para qué escuchar a los niños y a las niñas cuando verbalizan estar viviendo violencia?
La trampa de la «denuncia instrumental»: Se utiliza para alimentar el mito de que la madre manipula al menor para obtener beneficios en el proceso judicial. Algo que se extiende como una peste y parece que cala socialmente.
Eufemismos peligrosos: Como el término «SAP» está prohibido por la Ley Rhodes (2021), la imaginación se vuelve creativa. En los informes psicosociales aparecen conceptos como «ganancias secundarias», «interferencias parentales», «vínculo sobreprotector» o «rechazo injustificado».
Estos términos cumplen la misma función: desplazar el foco de la violencia del progenitor hacia la supuesta manipulación de la madre.
Una llamada a la responsabilidad profesional
Si eres un profesional de la psicología, del derecho o perteneces a los equipos forenses y psicosociales, tienes una obligación ética: la formación continua.
Seguir firmando periciales e informes en los que se usan términos pseudocientíficos —aunque se les ponga otro nombre técnico para esquivar la ley— es de una irresponsabilidad absoluta y da verdadera vergüenza ajena. Emitir juicios clínicos sin estar formado rigurosamente en violencia de género y en las maneras de aplicarla es, sencillamente, negligente.
El SAP, además de ser una herramienta de violencia institucional, es a menudo el mecanismo que permite la violencia vicaria. Es el brazo articulado que usa el maltratador, validado por el sistema, para seguir dañando a la madre a través de sus hijos e hijas.
Escuchar para proteger
Si realmente queremos proteger a los niños y a las niñas, tenemos que escucharlos. No podemos seguir asumiendo que su miedo es «inducido» solo porque el sistema no quiere enfrentarse a la realidad del maltrato. Validar su testimonio es el primer paso para su recuperación.
La Psicología y el Derecho deben ir de la mano con un único objetivo irrenunciable: proteger a los niños, a las niñas y a los adolescentes. Una justicia que ignora la voz de la infancia y utiliza pseudociencias para fallar en contra de las víctimas no es justicia: es otra forma de maltrato.

